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 Me llamo María

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MensajeTema: Me llamo María   Lun Abr 22, 2013 10:23 am

Me llamo María
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Me llamo María, tengo 33 años, estoy relajada en un sillón, mi dia ha sido duro y el cansancio me venció, al llegar a mi casa lo primero que hice fue dirigirme al cuarto de baño y darme un baño de inmersión dejando que mi cuerpo se relajara y el agua caliente arrastrara todo el cansancio acumulado durante el dia, aflojé cada músculo de mi cuerpo y así me encontró Juani, la señora que atendía mi casa y que además cuidaba de mi, en el buen sentido de la palabra, avisándome que tenía mi merienda ya preparada. Salí de la bañera y me dí una ducha rápida para enjuagarme, me envolví en mi salida de baño y me dirigí a la cocina, me encantaba tomar la merienda en la cocina y no en otras dependencias de la casa y aprovechaba para charlar informalmente con Juani, yo le contaba mis cosas y ella las suyas, nos reíamos mucho, ahí estuvimos un rato largo, ella se iba a retirar y yo me iba a sentar en mi rincón favorito escuchando música suave, fumando mi tercer cigarrillo del dia y tomando una copa de mi whisky preferido. Cerré los ojos y mi mente comenzó a vagar, recordé varias cosa que me sucedieron durante mi vida hasta que mi memoria trajo ante mi a Camila, Camila, casi no recordaba su cara, sus ojos sí, unos ojos verdes hermosos, penetrantes, dulces, invitantes y el recuerdo me llevó hasta donde conocí a Camila. Hacía mucho tiempo ya, yo tenía 21 años, me faltaba poco para recibirme de profesora de inglés, y una profesora conocida me ofreció una suplencia en una escuela privada, ya que la titular de inglés iba a ser mamá, vaya, yo no tenía experiencia con alumnos, solamente los de algunas clases particulares que daba en mi casa en ratos libres, totalmente insegura de mi misma decidí que si no lo hacía ahora no lo haría nunca, y así fue, yo, María profesora de inglés en un colegio de chicas de 5º año, chicas ya creciditas, no eran muchas, alrededor de 25, entre 17 y 19 años. Yo no era mucho mayor que ellas el primer dia, recuerdo que entré a clase con mis piernas temblando, no me sostenían, pensé, cual es el problema, si pueden ser mis amigas. Me presente, pasé lista, así fui viendo y conociendo cada una, poniendo un nombre a cada cara, había chicas bonitas otras no tanto, pero eran todas jóvenes. Cuando llegué el nombre de Camila Benson y vi a esa rubia de cabello largo, esos ojos verdes profundos que me embrujaron, me quedé sin habla, había quedado hipnotizada, el sonido del escape de un auto en la calle, hizo que saliera del trance, y me volviera el alma al cuerpo, la lista terminó, averigüé hasta donde habían llegado con el estudio de la materia y a partir de ahí seguimos, yo a pesar de mi falta de experiencia creo que me gané la clase con mis conocimientos y mi juventud ya que no me aparté de ellas dividiendo profesora - alumnas, éramos todas alumnas, yo también estaba aprendiendo a estar con alumnas. Ya pasadas un par de semanas éramos un grupo homogéneo, todas chicas, había estudio, relax, risas, respeto, y unos ojos verdes que a pesar de haber estado yo ahí ya un par de semanas, no se me quitaban de la mente, cada vez que miraba hacía ella sentía esa mirada calida, suave y dulce sobre mi, ¿qué me pasaba?. ¿Como podía ser que una chica de 18 años pudiera hacerme sentir de esa forma?. Ni un chico bien puesto me hacía sentir así. Decidí que debía sacarme esa tontería de la cabeza.
Sábado a la mañana, no hay clase y una aprovecha para hacer todas las cosas que no ha hecho durante la semana, sobre todo si vive sola, primero varios negocios visitados por necesidad o por curiosidad, y a lo último el Súper, las provisiones para toda la semana, el carrito lleno, la cola de la caja y una voz suave que te dice "Hola María", Dios mío, Camila estaba detrás mío, y palabra va, palabra viene, estuvimos charlando largo rato, como era de larga la cola, ella me hablaba en inglés, ya, como el apellido daba a entender era de ese origen, y lo hablaba muy bien, y me venía bien a mi, así practicaba. Salimos, y caminamos un rato cada una cargada con sus bolsas, pasamos delante de casa y yo paré y le dije aquí vivo, a lo que me contestó, ya lo se, me sorprendió un poco y le dije que si subía tomaríamos un café juntas y hablaríamos en inglés. Subió, ella no tenía mucha carga, la que debía proveer para sobrevivir era yo, dejé las bolsas y guardé lo que iba en la nevera, no tardé mucho en guardar todo, preparé un café de primera, (según mi receta), y a ella le encantó, hubo mucha charla que al final languideció. Ya habiéndose acabado los temas, la conversación se fue sola hacía los novios, las experiencias, no, ella no tenía novio, los chicos no le llamaban la atención, los consideraba agresivos y brutos, y esos ojos verdes que me taladraban, esa boquita semiabierta, sus labios húmedos me levanté para buscar no se que cosa y ella me tomó de la mano, nos miramos una a la otra, los ojos verdes ganaron, su lengua estaba en mi boca y la mía atacaba a la suya, nos besábamos salvajemente, acariciándonos ansiosamente, sin separarnos la llevé a mi cuarto y sin dejar de besarla, comencé a aflojar cintos, sacar botones, quitar ropa, descubrí unas tetas de ensueño, un cuerpo ágil, perfecto, un sexo virgen apenas oculto por un vello rojizo, yo me quité mi ropa y caímos en la cama, mi lengua no tenía tiempo que perder, había mucho para lamer, comer, recorrer, lamí sus orejitas, su cuello, mi lengua recorría su cuerpo dejando una huella como lo hace el caracol, sus axilas estabas soberbias, sabrosas, con apenas el gustito acre de la transpiración reciente ella solo se dejaba hacer, quejándose, respirando agitadamente, llegué a sus tetas que acaricié, mamé durante mucho tiempo, ¿cuanto tiempo?. En ese momento no existía el tiempo, solo ella y yo su pancita, el ombligo... decidí dejar para mas tarde la cosita, y comencé desde abajo con unos piecitos chiquitos, hermosos, lamí todos sus deditos, Camila, algo decía, pero no se entendía, fui subiendo por las piernas, primero una y luego otra hasta la rodilla, y a partir de ahí la meta final, yo cada tanto paraba y trataba de consolar mi concha que rezumaba jugos, no había nadie que la atendiera, sus muslos eran suaves, sedosos, según subía por ellos se sentía mas calor que emanaba su panochita, la miré y la tenía lustrosa de jugos y flujos, me acerqué despacio y después de mirar lo que me iba a comer, sumergí mi lengua y mi cara en ese pantano sabroso, tibio, dulce, saladito, el paraíso, un gritito me recibió y una contracción de sus caderas, yo comencé a beber, chupar ese néctar que me estaba regalando y que venía mas y mas, el solo paseo de mi lengua por su cuerpo la hizo tener un orgasmo, y luego mi lengua y mi boca se posaron sobre su vulva y su clítoris, absorbiendo su hermoso sexo, hasta que tuvo un orgasmo espectacular, levantando su pelvis continuamente mientras lanzabas grititos y quejidos pidiendo mas atención y mientras estaba en eso, con ese espectáculo, no me pude contener y mi concha también quiso su compensación y acabé como nunca, sí, y nunca había tenido algo como ella entre mis manos la dejé descansar un poco mientras yo también me reponía de mi venida, y la di vuelta comencé por su cuello y recorrí con mi lengua toda su columna hasta llegar a sus duras nalguitas, seguí hasta mas abajo donde comienzan las piernas, allí en ese lugar suave lamí, levanté despacio sus piernas y la tuve de rodillas con la colita al aire, algo hermoso, divino, abrí un poco sus nalgas y apareció un botoncito rosado y marrón, y hacía allí fue mi lengua y lamió.."No, no por favor eso no, no me gusta, eso no María". María no escuchó, eso era junto con lo anterior el premio que se merecía mi lengua, y María lamió, y el botoncito latía, se abría y se cerraba y María, María... si, si, si mas, mas, ahhhhh que mas . ese dia no almorzamos, vaya, yo si almorcé, me había comido a mi alumna, si se enteraba alguien, chau a mi suplencia después de todo lo que sucedió, ella se me abrazó, no la podía despegar de mi, me besaba y me acariciaba, diciéndome que nunca había sentido algo igual, que ella me pertenecía y que estaba en deuda conmigo, ya que ella no había aportado nada a la relación,. ahhh, ¿su cuerpo no era nada?.
A media tarde se fue, prometiendo volver a la nochecita, con permiso de los padres, obvio por cuestiones de estudio ¿Cómo era eso?. ¿Yo era profesora de inglés y practicaba anatomía?... creyendo que ya no iba a venir me puse nerviosa, me bañé 2 veces, fumé un par de cigarrillos y el timbre sonó, era ella, bella, gloriosa, divina, al cerrar la puerta, su lengua entró en mi boca, me sacó mi salida de baño y mis bragas y como si ya fuera una experta metió su lengua en mi chucha, haciéndome gritar, la arrastré a mi cama, la poca ropa que quedaba desapareció, nos lamimos, chupamos, besamos, de golpe me encontré que tenía dos dedos en el culo y fui a hurgar el de ella, eso comparado con el de la mañana fue la guerra total, hicimos todo, tijeras, 69, lamidas profundas de chuchas y de culos, después de la incruenta guerra, llegamos a un armisticio, un vaso de vino blanco, un cigarrillo y algo que me había olvidado y recordé de pronto, un vibrador olvidado en el fondo de un cajón, pilas nuevas y a seguir, eramos tan jóvenes,... vaya, no era virgen, no había estado nunca con un hombre, pero las chicas que trató la habían preparado para todo, (¡¡¡¡como si yo fuera una santa!!!!), se tragó el aparato por delante y por detrás, igual que yo... agotadas, caímos una sobre la otra y el sol del mediodía del dia siguiente nos encontró tiradas en la cama, cansadas, saciadas, olorosas, de sexo, saliva y transpiración, a la ducha, besitos, caricias, toqueteos, pero también hay que comer, y si yo tenía ganas de seguir comiendo a esa muñeca hasta gastarla, pero.. nos alimentamos, descansamos y a la tarde otra sesión de sexo, suave, solo mamadas y acabadas en la boca, mucho intercambio de saliva y de jugos durante las venidas
Esa relación fue secreta, nos estuvimos amando durante seis meses intensos, cogiendo, martes y jueves a la tarde y el fin de semana el viernes a la noche hasta el domingo a la mañana, yo perdí 3 kilos de peso de tanto dar y dar, pero la muchacha era mucho mas erótica y caliente que yo, no le bastaba nunca, era de querer mas y mas y mas, al finalizar las clases desapareció, no la vi nunca mas, salió de mi vida sin despedirse, la busqué durante meses, Camila se esfumó, a veces pienso si no fue solo un sueño.
A veces este lejano recuerdo aún me motiva a meterme los dedos en mi concha y mientras me vengo, mi boca pronuncia su nombre, Camila, Camila.

Autora: María Grazia
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